Hay un pelo en mi vida

El Circo Beat de IL NONNO · Microficción #01
Entra a IL NONNO. Su cabello recién alisado suelta un hilo que queda libre, suspendido en el aire. El calor del lugar le permite levitar sin esfuerzo. Ella discute por teléfono; tapa el micrófono y, sin dejar de reclamar, le dice a la mesera: —Mesa para mí—.
La mesera la conduce hacia el jardín. El restaurante acaba de llenarse: los meseros cruzan de un lado a otro, y el cabello se deja llevar por las corrientes que su ir y venir levanta. Se oyen pedidos, la música de fondo. El calor y los colores del lugar contrastan con ese hilo que vuela entre una corriente y otra, sobre las mesas.
Ella habla molesta mientras mira la carta. Señala la crema de tomate, un Penne Puttanesca y una Stella Artois. La mesera anota, recoge la carta y se va con esa velocidad propia de los meseros. El cabello la sigue, pero se desvía con el aire de unos comensales que ríen al entrar al patio. Supera la gravedad: su peso aún no es obstáculo para su danza imperceptible.

La algarabía y la música son el telón de una tragedia romántica que no termina. Ella reclama amoríos, ausencias. Él deja, del otro lado de la línea, un hueco que nadie en la mesa nota. Los demás comensales celebran, untan sus labios con aceite de oliva, reducción de balsámico y focaccia, con salsas bañadas en tomate. El pelo sigue sin rumbo, bailando sin más.
Ella aprieta la mandíbula; en el puño, una servilleta se arruga. Cuelga. Coloca el celular sobre la mesa, boca abajo. Mira a su alrededor y no ve el pelo, que ahora gira junto a la puerta, después de sobrevolar a una familia numerosa y huir espantado por el ladrido de un perro, de pasar sobre unas parejas sonrientes que tarareaban a Soda Stereo, de estar a punto de caer y recobrar impulso con el vaivén frenético de los meseros. Mira hacia la puerta: entra la mesera con su pedido. Ella dibuja una sonrisa, se esfuerza en ser amable. La mesera nombra cada plato mientras lo apoya en la mesa, se retira, le desea buen provecho. Ella la mira por primera vez y vuelve a fingir la sonrisa. En ese instante, la danza del pelo se detiene, apenas. Se esfuerza en creerlo: nada peor puede pasarle.
Toma la cuchara. El vapor de la crema de tomate con su tostada de focaccia y queso le sube al rostro antes que el sabor; un rojo intenso, salpicado de albahaca, la recibe. Prueba. La dulzura del tomate la invade, la estremece. Cierra los ojos, vuelve por otra cucharada. Su pelo descansa sobre la cuchara. Se detiene. La devuelve al plato, despacio, y levanta la mano. La mesera se acerca en segundos. Ella quiere armar un escándalo, y se contiene; aprieta otra vez la servilleta y dice, como al azar:
—Hay un pelo en mi vida.
El Circo Beat de IL NONNO
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