Camina por las calles de un barrio tradicional de Bogotá. Entre cuadras, se escucha desde el interior de una casa un borbotón de risas: el característico sonido del encuentro y la palabra. Se detiene a ver, a escuchar. Los demás sentidos son convocados: le dan ganas de oler de saborear, de tocar. El olor de la comida, la algarabía amistosa, la música, la sensación de camaradería la conduce, le acerca. Retrocede unos pasos, vuelve su rosto y se detiene porque es inevitable. Ll